El IBGM, centro mixto del CSIC y de la Universidad de Valladolid, denominado hasta ahora Instituto de Biología y Genética Molecular, mantendrá sus siglas pero modificará su nombre para pasar a llamarse Instituto de Biomedicina y Genética Molecular de Valladolid. La modificación del nombre tiene dos aspectos clave. En primer lugar, la palabra Biología será sustituida por la palabra Biomedicina para reflejar con más precisión el trabajo que realiza este instituto. En segundo lugar, incluirá el nombre de la ciudad en la que está ubicado desde hace casi tres décadas.

“Hace 30 años la investigación médica y la biológica eran materias muy diferentes, pero todos los grupos del centro se han orientado claramente hacia la biomedicina, porque estudiamos el origen de las enfermedades”, afirma en declaraciones a DiCYT el director de IBGM, Carlos Villalobos, para explicar las razones del cambio de nombre. Además, los responsables del centro han querido añadir “de Valladolid” a la denominación oficial para destacar sus raíces y evitar la confusión con otros centros del CSIC distribuidos por España con denominaciones parecidas.

Por el contrario, sigue siendo válido el término Genética Molecular, a pesar de que es un concepto muy amplio, porque el trabajo del IBGM también incluye este campo, con el matiz de que se centra en la genética humana relacionada con patologías. De hecho, “la biomedicina se orienta al desarrollo de nuevos métodos de diagnóstico basados en inteligencia artificial, secuenciación masiva y terapias avanzadas”, recuerda Villalobos. Como ejemplo, está la reciente creación del Grado en Biomedicina y Terapias Avanzadas de la Universidad de Valladolid.

En ese sentido, casi todos los grupos de investigación del IBGM (hay 26 equipos, con un total de 115 investigadores y una plantilla compuesta por 160 personas) colaboran directamente con hospitales de Valladolid y otras ciudades cercanas, realizando un trabajo que en muchas ocasiones encuentra una aplicación directa en los pacientes. “Aunque no seamos un hospital, realizamos investigación clínica”, destaca el director.

 

Cáncer y terapia celular

De hecho, este instituto es puntero en áreas como el diagnóstico genético de la susceptibilidad al cáncer, que realiza desde hace más de 20 años. “Tenemos una base de datos de unas 5.000 familias con mutaciones relacionadas con tumores. Estamos hablando de unas 20.000 personas que probablemente no vayan a morir de cáncer porque se les ha avisado antes y están en programas de prevención”, comenta Villalobos. Esta experiencia se ha trasladado también a las enfermedades raras, ya que el centro participa en un proyecto nacional sobre diagnóstico genético avanzado de patologías poco frecuentes que tiene “un alto impacto social”.

Otro campo en el que destaca el IBGM es la terapia celular, a través de la investigación con células madre para medicina regenerativa. “Hay muchos proyectos en desarrollo que se basan en el uso de las células madre mesenquimales de Valladolid, desarrolladas por la empresa de base tecnológica Citospin, creada por la catedrática Ana Sánchez, y que pretendemos que continúe para fortalecer esta línea de investigación”, explica el director.

El centro es Unidad de Excelencia de la Junta de Castilla y León desde 2020, pero su objetivo inmediato es subir un peldaño más hasta para acceder a las ayudas equivalentes a nivel nacional, las Unidades de Excelencia ‘María de Maeztu’. Alcanzar este logro supondría una importante inyección de financiación, dos millones de euros para un periodo de cuatro años. Estos fondos son clave para que los centros de investigación ganen independencia y agilidad a la hora de realizar contratos.

 

Un momento crucial

Tras unos años marcados por la pandemia de covid, la investigación científica vive un momento crucial, especialmente las áreas que están más relacionadas con la biomedicina. “ Si no hubiera sido por las vacunas, habrían muerto millones de personas. Para curar lo que no se sabe curar es necesaria la ciencia”, reflexiona Villalobos. “Solo hay una manera de vencer a las enfermedades, hay que aumentar el número de investigadores y la calidad de la investigación”, añade.

En los próximos años uno de los grandes retos será avanzar en la medicina de precisión. “Esto significa que hay que curar la enfermedad que tiene cada paciente, saber exactamente qué es lo que tiene cada persona. Para ello necesitamos los métodos de diagnóstico basados en inteligencia artificial y en técnicas de secuenciación masiva. A partir de ahí, los pacientes serán tratados con terapias avanzadas. Por eso, nosotros queremos incorporar todas estas tecnologías y conocimientos”, explica el experto.

Valladolid cuenta con ventaja en áreas como la terapia celular y la genómica médica, que van a ser fundamentales en un futuro próximo. No obstante, el IBGM se plantea como retos aumentar su capacidad para gestionar y tomar decisiones y la mejora en la captación de fondos europeos. “El año que viene cumpliremos 25 años como centro mixto del CSIC y de la Universidad de Valladolid”, comenta Villalobos, un buen momento para reclamar, además, “más apoyo institucional”, como el que tienen otros centros de investigación en otras ciudades.

Fuente: DiCYT (El IBGM inicia una nueva etapa con cambio de nombre y ambiciosos objetivos (dicyt.com))